Capítulo cuatro
Silencio en los dos dormitorios al final del pasillo ― persianas echadas, ventanas cerradas y puertas entornadas. En la sala de estar, caras sonrientes de medio perfil alineadas sobre la mesilla ― blanco y negro devorado por la penumbra de la habitación. En las estanterías del aparador, entre la vajilla de nunca jamás, diferentes escenas y momentos familiares. Formatos varios por las cuatro paredes de la sala de estar, en el pasillo y en el recibidor. Una finísima cortina de música se desliza hacia cada rincón del apartamento como un aroma lento, como una niebla terrestre y cadenciosa que mana desde la cocina. Sentada frente a la mesa camilla, de espaldas a la puerta, ligeramente bañada por la luz anaranjada casi crepuscular que entra por la ventana del ojo de patio a su derecha, va tomando de una caja de madera pequeñas pilas de fotografías que limpia una a una con la manga derecha de la rebeca ― media sonrisa, leve suspiro, ceño fruncido, chasquido de lengua. Con un bolígrafo anota en el revés nombres, lugares y fechas. Limpia de nuevo cada fotografía con la manga derecha de la rebeca y las coloca una a una sobre uno de los tres montones dispuestos en torno a la caja de madera. Con cuidado coge los dos más grandes, primero uno y luego el otro. Envuelve cada uno en papel de seda blanco y lo devuelve a la caja de madera antes de taparla. Vuelve a revisar el montón más pequeño, diez fotografías ― media sonrisa, sonrisa entera, media sonrisa, profunda respiración, largo suspiro, risa ahogada, chasquido de lengua y suspiro, ceño alzado y ojos bien abiertos, media sonrisa. Convencida y satisfecha guarda el pequeño montón en el bolsillo derecho de la rebeca, se levanta de la silla sin arrastrarla, se aprieta la caja de madera con ambas manos contra el pecho y atraviesa el pasillo hasta el dormitorio de la derecha, donde coloca la caja sobre la cómoda. De vuelta a la cocina abre un armario del que elige un cazo pequeño que llena con agua y pone a calentar. Mientras espera que el agua rompa a hervir, coge una hoja de papel de un taco que hay sobre una estantería, detrás de una lata con lápices y bolígrafos. Vuelve a sentarse frente a la mesa camilla y con un bolígrafo traza una cruz que divide la hoja en cuatro partes iguales. En cada espacio escribe una lista diferente a medida que las ideas le vienen a la cabeza. Mira al reloj que hay sobre la puerta de la cocina ― las cinco menos diez. Se palpa algo duro en el bolsillo derecho de la rebeca y, todavía incrédula, extrae ligeramente con el índice y pulgar de la mano derecha el taco de diez fotografías que vuelve a deslizar al fondo del bolsillo. Cuando el agua rompe a hervir, se levanta de la silla sin arrastrarla, apaga el fuego y elige una taza del armario sobre el fregadero. Abre la alacena y coge del estuche de tes una bolsa de té verde que coloca dentro de la taza. Retira el cazo de la hornilla, echa un poco de agua sobre la pila, llena su taza y vacía el resto sobre el desagüe. Vuelve a colocar la hoja de papel sobre la estantería, detrás de la lata con lápices y bolígrafos, vuelve a palparse el bolsillo derecho de la rebeca, extrae la bolsita de té del fondo de la taza con una cuchara alrededor de cuya panza enrolla el cordón para escurrir el exceso de líquido. Abre el armario bajo la pila, deposita la bolsita de té en el cubo de la basura y posa la cuchara sobre la pila. Coge la taza con la mano derecha y haciéndola descansar sobre la palma de la izquierda atraviesa el pasillo hacia la sala de estar, donde posa la taza en un posavasos de cartón que coloca sobre el mantel de hule que cubre la mesa junto a la ventana. Se sienta en el tresillo frente a la mesilla, de la que elige cuatro pequeños retratos que lleva a la otra mesa. Marcha hacia al aparador, de cuyas estanterías extrae tres fotografías enmarcadas que transporta a la mesa. Con paso decidido cruza la sala de estar, hasta el pasillo, cuyas paredes escruta poco convencida. Por fin, elige un retrato de gran formato del recibidor que traslada a la mesa junto con los otros. Se sienta, extrae las diez fotografías del bolsillo derecho de la rebeca, las coloca frente a sí sobre la mesa y da el primer sorbo a la taza de té que vuelve a colocar sobre el posavasos. Con ambas manos coloca el retrato de mayor formato boca abajo, lo desmonta y extrae con cuidado la fotografía, que limpia con la manga derecha de la rebeca. La contempla un momento ― media sonrisa ―, comprueba la anotación en el revés y la posa hacia arriba sobre la mesa. Elige dos fotografías del montón de diez, las cuadra dentro del marco y lo vuelve a montar. Le da la vuelta con ambas manos y lo contempla satisfecha ― media sonrisa, sonrisa entera. Da un sorbo a la taza de té. Mira el reloj sobre la mesilla ― las cinco y tres. Coge el retrato de gran formato con la nueva composición, cruza el pasillo hacia el recibidor y lo vuelve a colgar en su sitio. Entra en la cocina. De la estantería, detrás de la lata con lápices y bolígrafos, coge la hoja de papel con la lista cuádruple, que coloca en el bolsillo izquierdo de la rebeca. Cruza el pasillo hacia el salón y se sienta frente a la mesa. Coge, uno por uno, los tres marcos de la mesilla, los desmonta y una por una extrae cada fotografía, la limpia con la manga derecha de la rebeca, la contempla ― media sonrisa, media sonrisa, sonrisa entera ―, comprueba la anotación y la posa hacia arriba sobre la fotografía de gran formato. Coge las tres fotografías siguientes del montón original de diez, las coloca en los marcos vacíos, los monta y los vuelve a colocar sobre la mesilla frente al tresillo. Suena el timbre. Cruza el pasillo hacia el recibidor, descuelga el interfono, responde y vuelve a colgar. Marcha a la sala de estar y se detiene un momento de pie frente a la gran mesa para escrutarla. Coge la taza de té y da un largo sorbo. Marcha rápidamente a la cocina y se detiene frente a la pila, donde agita la taza de té con la mano derecha para hacer circular el té que resta y da otro largo sorbo. Agita la taza una vez más y da un nuevo sorbo largo. Vuelve a agitar la taza y mira el fondo en movimiento. Vierte el resto de té en el desagüe, coloca la taza bajo el grifo, la enjuaga y la posa junto a la cuchara sobre la pila. Cruza el pasillo rápidamente hacia el dormitorio de la derecha, se sienta sobre la cama, levanta la colcha, saca un par de zapatos sin tacón de debajo de la cama, se los calza, cruza el pasillo hacia la cocina, apaga la radio, marcha al recibidor, descuelga un abrigo del perchero, se lo pone, abre la puerta y sale del apartamento cerrando con llave tras de sí.
Se abre la puerta. Entra y cierra tras de sí. Se dirige a la cocina, enciende la luz, vacía el contenido de las dos bolsas de plástico sobre la mesa camilla ― cartón de leche, azúcar, medias y pan ― y guarda las bolsas en un cajón. Coloca el cartón de leche y el azúcar en la alacena y el pan dentro de la panera. Enciende la radio. Coge las medias, apaga la luz de la cocina, camina al vestíbulo, enciende la luz, cuelga el abrigo en el perchero, mira el retrato de gran formato con las dos nuevas fotos y sonríe. Cruza el pasillo hacia y abre la puerta del dormitorio de la derecha. Enciende la luz, coloca las medias en un cajón de la cómoda, se sienta sobre la cama, se descalza y desliza los zapatos bajo la cama. Apaga la luz, cierra la puerta y se dirige al salón donde enciende la luz y comprueba la hora en el reloj de la mesilla ― las ocho y veintidós, chasquido de lengua. Pasa con la mirada por delante de las tres nuevas imágenes y sonríe. Se acerca a la mesa junto a la ventana, coge las cuatro antiguas fotografías y se dirige con ellas al dormitorio de la derecha. Enciende la luz y ordena las fotografías dentro de la caja de madera sobre la cómoda. Apaga la luz, cierra la puerta del dormitorio y vuelve a la sala de estar. Coge con cuidado la fotografías restantes del montón original de diez y se sienta con ellas en el tresillo, donde las repasa ― una jovencísima bailarina principal, grácil, hermosa ― hasta quedarse dormida.
(el tren se pone en marcha, intenta bajar la ventanilla pero no lo consigue, pide ayuda a los otros pasajeros que no la comprenden, en el andén una muchacha desnuda ríe frente a una maleta abierta cuyo contenido se esparce por el suelo, alguien se agacha para recoger un pantalón y se aleja con él en la mano después de mirar a la muchacha que suelta una gran carcajada, la muchacha mira desde el andén hacia el tren que gana velocidad, las dos mujeres se miran, la muchacha deja de reír y corre detrás del tren mientras grita a la mujer y lanza hacia la ventanilla la poca ropa que queda en la maleta que arrastra por el andén)
Al fondo del pasillo suena un ruido violento. Abre los ojos y mira soñolienta el reloj de la mesilla ― las once y veinte. Una voz conocida la llama a gritos desde el dormitorio de la izquierda. Con las fotografías todavía sobre su regazo se levanta aturdida del tresillo. Tres de las fotografías caen al suelo, las demás quedan esparcidas sobre el tresillo. Cruza el pasillo hacia la habitación del fondo a la derecha. Abre la puerta y camina hasta la puerta cerrada del balcón. Fuera, una joven flota en el aire asida con las manos de la barandilla. Le ayuda a ganar el balcón y, una vez dentro de la habitación, la joven marcha hacia la cocina. Coloca las macetas de la barandilla, vuelve a entrar en la habitación, cierra la puerta del balcón tras de sí y marcha hacia la cocina, donde la joven inspecciona el frigorífico. Se sientan en torno a la mesa camilla y discuten. La joven se levanta de la silla, cruza el pasillo hacia la sala de estar y se sienta en el tresillo, encendiendo a su paso todas las luces. Ella le sigue, apaga la luz de la cocina, del recibidor y del pasillo. Recoge todas las fotografías, las tres a los pies de la joven y las demás, encima de las cuales está sentada, y las coloca encima de la mesa junto con las otras. La joven enciende la televisión. Ambas permanecen calladas un rato. La joven mira atentamente la televisión. Ella se sienta a su lado y la mira. Se levanta del tresillo, camina hacia el pasillo, enciende la luz y marcha a la cocina, donde apaga la radio y cierra la puerta tras de sí. Se detiene en el vestíbulo y contempla las fotografías. Apaga la luz del pasillo, vuelve al salón y se detiene a mirar a la joven desde la puerta. Cruza el salón hasta el otro tramo del pasillo. Mira un momento las imágenes de la televisión y contempla a la joven de espaldas.
―Yo me voy a la cama, Rosa. No te acuestes muy tarde.
―Vale. Buenas noches, mamá.
Se abre la puerta. Entra y cierra tras de sí. Se dirige a la cocina, enciende la luz, vacía el contenido de las dos bolsas de plástico sobre la mesa camilla ― cartón de leche, azúcar, medias y pan ― y guarda las bolsas en un cajón. Coloca el cartón de leche y el azúcar en la alacena y el pan dentro de la panera. Enciende la radio. Coge las medias, apaga la luz de la cocina, camina al vestíbulo, enciende la luz, cuelga el abrigo en el perchero, mira el retrato de gran formato con las dos nuevas fotos y sonríe. Cruza el pasillo hacia y abre la puerta del dormitorio de la derecha. Enciende la luz, coloca las medias en un cajón de la cómoda, se sienta sobre la cama, se descalza y desliza los zapatos bajo la cama. Apaga la luz, cierra la puerta y se dirige al salón donde enciende la luz y comprueba la hora en el reloj de la mesilla ― las ocho y veintidós, chasquido de lengua. Pasa con la mirada por delante de las tres nuevas imágenes y sonríe. Se acerca a la mesa junto a la ventana, coge las cuatro antiguas fotografías y se dirige con ellas al dormitorio de la derecha. Enciende la luz y ordena las fotografías dentro de la caja de madera sobre la cómoda. Apaga la luz, cierra la puerta del dormitorio y vuelve a la sala de estar. Coge con cuidado la fotografías restantes del montón original de diez y se sienta con ellas en el tresillo, donde las repasa ― una jovencísima bailarina principal, grácil, hermosa ― hasta quedarse dormida.
(el tren se pone en marcha, intenta bajar la ventanilla pero no lo consigue, pide ayuda a los otros pasajeros que no la comprenden, en el andén una muchacha desnuda ríe frente a una maleta abierta cuyo contenido se esparce por el suelo, alguien se agacha para recoger un pantalón y se aleja con él en la mano después de mirar a la muchacha que suelta una gran carcajada, la muchacha mira desde el andén hacia el tren que gana velocidad, las dos mujeres se miran, la muchacha deja de reír y corre detrás del tren mientras grita a la mujer y lanza hacia la ventanilla la poca ropa que queda en la maleta que arrastra por el andén)
Al fondo del pasillo suena un ruido violento. Abre los ojos y mira soñolienta el reloj de la mesilla ― las once y veinte. Una voz conocida la llama a gritos desde el dormitorio de la izquierda. Con las fotografías todavía sobre su regazo se levanta aturdida del tresillo. Tres de las fotografías caen al suelo, las demás quedan esparcidas sobre el tresillo. Cruza el pasillo hacia la habitación del fondo a la derecha. Abre la puerta y camina hasta la puerta cerrada del balcón. Fuera, una joven flota en el aire asida con las manos de la barandilla. Le ayuda a ganar el balcón y, una vez dentro de la habitación, la joven marcha hacia la cocina. Coloca las macetas de la barandilla, vuelve a entrar en la habitación, cierra la puerta del balcón tras de sí y marcha hacia la cocina, donde la joven inspecciona el frigorífico. Se sientan en torno a la mesa camilla y discuten. La joven se levanta de la silla, cruza el pasillo hacia la sala de estar y se sienta en el tresillo, encendiendo a su paso todas las luces. Ella le sigue, apaga la luz de la cocina, del recibidor y del pasillo. Recoge todas las fotografías, las tres a los pies de la joven y las demás, encima de las cuales está sentada, y las coloca encima de la mesa junto con las otras. La joven enciende la televisión. Ambas permanecen calladas un rato. La joven mira atentamente la televisión. Ella se sienta a su lado y la mira. Se levanta del tresillo, camina hacia el pasillo, enciende la luz y marcha a la cocina, donde apaga la radio y cierra la puerta tras de sí. Se detiene en el vestíbulo y contempla las fotografías. Apaga la luz del pasillo, vuelve al salón y se detiene a mirar a la joven desde la puerta. Cruza el salón hasta el otro tramo del pasillo. Mira un momento las imágenes de la televisión y contempla a la joven de espaldas.
―Yo me voy a la cama, Rosa. No te acuestes muy tarde.
―Vale. Buenas noches, mamá.
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